Adónde van los poetas?

Adónde van los poetas?

Cuando empecé la primera línea

no tenia un propósito más allá que salvarme a mi misma

de aquel pesado fuego y aquella cotidiana violencia de mi presente

en ese entonces.

 

Cuando escogi el primer lápiz para escribir me preocupaba la vida,

la integridad, el sentido auténtico de las cosas, siendo tan niña,

desconociendo aún tanto

palpaba la evidencia de lo mundano con resignación.

 

No podia dejar de mirar el paisaje lleno de polvo y cicatrices,

ignorar el sufriento en las palabras de los otros.

Cuando empecé a escribir cada línea era veneno,

un autosabotaje a mi propia historia.

No deseaba el futuro, me acaparaba el presente con toda su intensidad,

y la tarea poética más arriesgada, cada día, era sobrevivir.

 

¿Adónde van a los poetas los días de tormenta? Pregunté muchas veces. – Los poetas miran la lluvia bajo los puentes. Me dijeron insistentemente.

Pobre gente. No tienen ni idea. Los poetas no temen la lluvia, no la ven caer. Caen con ella.

 

Invaden la tierra.

 

 

 

 

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