Aquí he aprendido
a arreglar relojes,
a memorizar estanterías
y envolver regalos a contrareloj.

He aprendido a doblar

muy bien la ropa,
he descubierto colores como el blanco roto
o el azul plástico,
he aprendido a respirar
profundo,
he atrapado ladrones.

He aprendido a vivir
en las estaciones,
a exagerar, a gritar,
a pronunciar la C, la S y la Z
a decir Zaragoza,
a bailar flamenco,

he aprendido la diferencia entre ustedes y nosotros,
he aprendido a dar hostias,
a hablar más rápido.

Aquí sigo escribiendo,
alimentándome con cada cosa nueva,
me han cerrado puertas
pero he aprendido a entrar por las ventanas,
y mientras tenga tinta mi pluma y este él,
aquí me quedo.  

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