automático

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Regresa ya, 
abre la puerta y haz sonar  
las campanillas antes de  
aparecer por la entrada.


Vuelve y
nota lo diferente que
estamos, 
8 horas más sobre la
espalda, 
sí, en tu espera nos comimos
todas las frutas
y el queso, 
pero pensaba en ti,
-han desaparecido otra
vez, 
se han dado a la fuga- dirás  
–  han ido a pasear en este buen día que
hace, te responderé-
Mientras de pie observas
dentro de la nevera
inventariando del mousse de
chocolate, 
ya pronto tendremos que volver
al súper,
en conclusión.


Regresa ya y luego que
pase lo que sea, 
que llore Martina y no haga su
siesta, 
que llene el salón de
volteretas, y grite 
a causa del ataque de
cosquillas, 
rurrrr, ruuuurrr, así, en su
barriga dulcecita,
regresa y muérdele las piernas, 
ven, para sonreír contigo
aquí, 
regresa aunque sea para tumbarte
en el sofá 
como un cojín,
escurriéndote a la
terraza a fumar
mientras aguantas frío.



Tantas horas viviendo
lejos, tantos los días, 
odio conocer tu versión más
cansada, 
esa que todas las mañanas está
cerca del borde, 
respirando profundo,
para seguir, seguir,
automáticamente, sin preguntar demasiado. 


Regresa a casa, 
quiero tu hora de
salida, 
conduce el camino
memorizado con tanto tedio, 
busca tu llave en el
bolsillo, 
gira la cerradura
haz que suenen las campanillas
de la puerta, 
detrás vendrás tú, y nos 
descubrirás aquí, 
con ganas de terminar el día
contigo. 

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