CIUDAD ESCRITA

Esto es la vida, sí, la plenitud
en la distancia, y a lo lejos
unas tejas en donde raspa el sol.
Hay un rumor de agua a contraviento
que sisea detrás de las persianas,
y allí, hacia la claridad, el humo
blanco al nacer el día entre fogones.

Y cesa la farola de la esquina
su íntimo velar, su luz temprana.
Cierra la noche, y abren
las tiendas de ladrillo rojo
igual
que viejas estaciones
de algún ferrocarril.

Y se yerguen, despiertas, a lo lejos,
las torres dormitorio, las antenas
del mundo
global, y por las calles
en cruz, bajo la lluvia y los paraguas
–flores de ozono–, van los niños
al colegio, y los hombres al trabajo
(quienes lo tienen).

Son puntos cardinales
en la ciudad escrita.
En limpio, por el cielo,
van las aves en v
de vida y de Vallecas.

Miguel Pastrana

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