Cotidianidad de un reloj

Cotidianidad de un reloj

Paso los días oyendo mi recorrido, el incesante   goteo de mi existencia, avanzando siempre,         arbitrariamente mirando al futuro. ¿Y si quiero detenerme un momento? Quedarme callado, con la boca vacía, sin tener que responder al juicio de los que esperan. Soy parte de esta ilusión de sentir que envejecemos con un propósito. tic tac, tic tac. Cuidado, que el transcurrir del tiempo puede cambiarnos, convertirnos en  desconocidos.

Bienvenidas las horas que no suman ni rellenan espacios porque sí en los calendarios. Bienvenido el tiempo sin tachones ni compromisos que dejan la labor del tiempo libre de tareas innecesarias. No me gusta saber que no puedo detenerme, que tengo que seguir a pesar del sueño, rondando las ideas a oscuras    mientras todo duerme. Yo también quiero dormir, escaparme alguna vez del infinito que me     corresponde y explorar otros espacios, tomar de la mano unos cuantos números y provisiones de imprevistos, saltar a la locura del exilio  indeterminado. Viva el tiempo que no señala su comienzo ni su final.

 

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