Deberiamos empezar
todos los días, 
todos nuestros propósitos, 
sin importar el qué, 
sin preguntar dónde, 

con la poesía bajo el brazo. 

Sin ahorrar ningún esfuerzo 
en construir el camino que recorremos, 
el sueño que vivimos,
sin descanzar ni un segundo 
en la tarea de ser fieles a nosotros mismos. 
 

Empiezo la semana gritando 
poesias por la ventana de mi casa. 

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