Espera

Espera

Y tú me dices que tienes 

los pechos rendidos de esperarme, 
que te duelen los ojos 
de estar siempre vacíos de mi cuerpo, 
que has perdido hasta el tacto 
de tus manos de palpar esta ausencia por el aire, 
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
 Y tú me lo dices 
que sabes que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre, 
de lastimar mis labios con la sed de tenerte, 
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas, 
una nueva manera de rescatarte en vano 
desde la soledad en la que tú me gritas 
que sigues esperándome. 
Y tú me lo dices que 
estás tan hecha a esta deshabitada cerrazón de la carne 
que apenas si tu sombra se delata, 
que apenas si eres cierta en la oscuridad 
que la distancia pone entre tu cuerpo y el mío.
Caballero Bonald 

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