He aprendido a ser valiente.

A entregar con abundancia mis besos,
a no medir los abrazos,
a saltar desde la sombra con la
sorpresa de mi tacto,

he aprendido que no basta con decir una vez,
que en la repetición de las palabras
nace el amor,
amor, amor
amor,
en nuestra constancia, absurda,
pero sincera,
nos mantenemos
encantadores y locos.

He aprendido a ser valiente,
a reconocer mis sueños en voz alta,
a no negarlos en público,
a llevarlos a las reuniones sociales,
incluso a aquellas en las que sé que la gente no sueña,
he aprendido a dejarlos ser, con independencia,
a no obligarlos a hacer suyos mis miedos.

He aprendido a ser valiente.

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