Libro Lemotbulle (2014)

Libro Lemotbulle 2014

PRÓLOGO

Con Lemotbulle o la palabra burbuja nos encontramos con la poesía más contemporánea y más vitalista de Valentina.
 
Llevo una mujer colgando de mi cuerpo
una mujer sonora
adornada con alambre
pintada de guerra,
 
es como un reencontrarse con la palabra,  con la ilusión por decir cosas, con la interpretación de los vocablos:
Te trae mi soledad
como un juguete nuevo.
 
Lemotbulle enhebra la realidad a nuestros cuerpos, nos invade con imágenes, nos desvela misterios:
Tengo la lluvia bajo mi ropa
tiembla en mis senos la lluvia
inunda mi vientre.
 
En este poemario también nos vamos a encontrar con la inefable muerte, la cual le acompaña desde sus primeros versos y no deja de rondarla en su cabeza y en sus vísceras:
Caer húmeda sobre la tierra
apetitosa para los gusanos
calmar su hambre en mi descomposición
quitar tanto adorno tanta postura.
 
En contraposición también en él se siente vida, nos anexiona al fulgor de la esperanza de sentirnos vivos, de ser coetáneos de la magia que implican los sueños:
 
Yo que creo en la magia, cuantifico la vida, y le resto los errores.
 
La palabra burbuja irradia frescura, calma, enciende luces sobre las ganas de sentir poesía, incita a la reflexión e intenta dejarnos un poso de conciencia:
 
Me gusta volar por encima de los pueblos y caer en los tejados.
 
También nos acerca a las cosas más tangibles, mundanas, menos espirituales:  Los piojos de la época, el olor de la cocina, todo figura en la poesía de Valentina.
 
En Lemotbulle todos los versos desembocan en un delta de acontecimientos que siempre expresan algo: Tal vez el mar sea un final inventado por la prisa de los ríos.
 
Haz de la vida tu metáfora
nombrar es tu deseo
tu lugar
eres de cada palabra el sentido irrevocable.

Alberto Yago

Mayo, 2014 

A MANERA DE PRÓLOGO
Mi poesía es redonda, azul,
a veces violeta.

Mi poesía es pie y camina, baila,

da vueltas y alza su falda,
se pinta la cara de paisajes,
se enamora una y otra vez.

Yo acudo a su celebración,
a su despilfarro,
me sumerjo en su música,
en su licor.

Mi poesía en su lucha me vence
y hago lo que ella me ordena.

XX

Te trae el río,
la araña que lo teje,
te trae la hoja
en su gigante huella de pez,
te traigo a mí
sin necesitarte,
cerrando la mano
para guardar el gemido,
te trae la nube,
te instala en mis dedos,
blando
y pálido
como un gusano recién nacido.

Te trae mi soledad
como un esclavo nuevo.

X

Llevo una mujer
colgando de mi cuerpo.

Una mujer sonora adornada con alambre,
pintada de guerra.

Una mujer desamparada en mi cuerpo,
húmeda de vapores extraños.

Sus labios me recorren,
me tocan, mis paredes a su paso se reinventan.

Tengo una mujer agarrada a mis huesos.

VI

Un horizonte oscuro,
curvo
como una nariz.

Una niña inmóvil
quiere ser horizonte,
por primera vez entregarse,
amasarse en otro cuerpo,
quiere ser pan compartido
línea de harina horizonte,
quiere abandonar su virginidad,
desea estar desnuda sobre esa línea,
y ofrecerse
a la tarde,
que la luz se estanque en ella,
y que los hombres arena
la vean como
se convierte en
línea cielo agua,
oscura,
rojiza,
con su boca extendida,
disponible,
la niña inmóvil
desea estar allá
en el horizonte,
saberse observada,
línea,
agua,
color tortuga perdida,
alga desprendida,
coral cuchillo,
barba de ballena,
quiere ser horizonte
frotado por los peces,
revoloteando por su cuerpo
como mar excitado.

La niña inmóvil
mira el horizonte
la línea cielo agua,
vibran en sus piernas
las olas,
la niña inmóvil,
se desintegra
en una masa de aire
y persigue el horizonte
i n a l c a n z a b l e.

XIII

Tengo la lluvia
bajo mi ropa,
se sacude
como serpiente
que guarda veneno
de varios años,
tiembla en mis senos
la lluvia.

Tengo la música
en un rayo indeciso
de tambores mulatos,
custodiada por arrecifes,
confinada en una isla
de olas persistentes del Pacífico,
en una uva verde.

Tengo la profundidad
en el vientre espeso,
en voces de tormenta,
tengo la música
en la garganta de la tierra,
en un fruto seco.

Tengo la lluvia
reventando en mi cuerpo,
proyectiles sobre los pueblos,
gigantes canicas que intervienen
el rumbo de los hombres,
tengo la lluvia redonda
bajo mi ropa,
tiembla en mis senos
la lluvia,
como si quisiera alimentar a un niño.

XII

¿Dónde estás violeta?

¿En qué color te convertiste?

Violeta
si no vienes

pintaré el mundo de azul.

XI

Un gato,
me mira,
descubre mis bigotes,
se enamora.

En la ventana su sombra,
advierte mi forma felina,
su piel puntiaguda
busca entre mis piernas
un lugar para dormir,
guarda sus armas,
cierra los espejos.

Despierta,
se asoma por las puertas,
mi carne es el premio
de una buena caza,
sus orejas en mis muslos,
dejan un poco de flor y sangre.

Un gato,
en la ventana la sombra tibia,
en sus bigotes la huella de una mujer,
pintado en su pelo el olor ebrio.

III

Nació de la cordillera
como un eucalipto,
de la hierba del páramo,
de los nudos del viento,
de la sonrisa ilícita del centro del mundo.

Tomó forma de bizcochuelo
con olor a enfermería,
sangre con alcohol
y pasto muerto.

Llegó con el camino
marcado en los pies,
la tierra incrustada en los músculos,
frutas podridas en los dientes
y las raíces de los sueños
como pelos por el cuerpo.

Llegó con monedas tintineantes
y facturas pendientes.

Emigró al vacío,
trasladó su olor,
su fachada,
su música vertebral,
su cabello de hielo débil,
la altura de sus hombros,
su peso.

El silencio entumeció su lengua,
se tragó la niebla,
la piedra,
la luz,
incendió el mundo,
hombre de madera
que hizo retornar el eco
como prueba de su tristeza.

Lloré con el cuerpo
su abandono,
hasta que se desdibujaron mis límites.

Se hundió su color
en la línea del horizonte,
cayeron las monedas de su bolsillo
tintineantes,
quedaron bajo la piedra
justo donde se estanca la luz.

I

Dibujo el borde del mar
extendido como una cuerda.

Alguien en la otra orilla
recibe mi movimiento en el agua.

Tal vez me toquen
sus manos al abrirse en el fondo.

Tal vez si me hundo y grito,
reviente en su playa una burbuja con mi voz.

Tal vez el viento traslade a su borde
la humedad,
mis olas se lanzarían por última vez
a su arena,
dejándola manchada de espuma.

Mis pies el en fondo
aletean
marcando el camino.

Tal vez las orillas son solo aire que vibra,
tal vez el mar es un final inventado por los ríos,
podría el agua
ser el vacío que sostiene mi cuerpo flotando.