Nosotros, los que ardemos

Nosotros, los que ardemos

Y no es
la honestidad, y no es la furia,

no es
la fuerza, la rabia,

la
pasión o el recuerdo,

es algo
que podría

partir
en dos la proa de esta nave,

hacer
arder el agua

que
recogen tus labios

mientras
rueda la turbia quemadura

de las
palabras muertas.

Hemos
dejado hervir

al
borde del abismo las raíces del llanto,

no
vamos a parar porque esta noche

vengan
cartas mal dadas,

nosotros
que hemos visto

como
morían héroes, como aullaban

sus
armas contra el tiempo,

nosotros
que sabemos

el
sabor de la sangre, que vivimos

quemándonos
la manos,

nosotros
que inventábamos los mitos

para
buscar más sueños, que tejíamos

redes
sobre el crepúsculo

para
robar los peces de los dioses.

Nosotros
que quisimos

bendecir
las desgracias, que sabemos

hacer
cantar la voz de las heridas,

nosotros
que intuimos que la vida es un baile

en la
llama del agua,

nosotros
que marcábamos las huellas

en el
mar transparente, abriendo el ponto

con las
cóncavas naves,

nosotros
que buscamos lo imposible,

lo
grandioso, lo inútil, no podemos

caminar
lentamente,

maldecir
y esperar

a que
cambien los vientos.

Llevamos
media vida

bebiendo
las tormentas.

Y esta
noche,

cuando
duerma la city,

tranquila
tras sus nuevos muros,

tras
las mentiras, los desprecios

los
sesenta canales

y el
sollozar de Facebook,

alguien
hará pasar un inocente

caballo
de madera.

No hace
falta que os diga

como
sigue la historia.

Óscar
Martín Centeno

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