Principiantes

Principiantes

¿Y
nosotros nos amaremos siempre?, preguntó la chica, disfrutando
enormemente de aquella conversación (él podía verlo con solo mirarla).
Siempre, dijo el chico. Y siempre
estaremos juntos. Somos como los gansos canadienses, dijo él,
recurriendo a la primera comparación que le vino a la cabeza, porque en
aquellos días pensaba mucho en aquellos gansos. Solo se emparejan una
vez. Eligen un compañero muy temprano, y siguen juntos siempre. Si uno
de ellos muere, el otro nunca vuelve a emparejarse. Vivirá solo en
alguna parte, o continuará viviendo en la bandada, pero seguirá sin
pareja y solo entre los demás gansos.
Qué destino más triste, dijo la chica. Es
más triste vivir así, me parece, sin pareja y con todos los demás, que
vivir solo en alguna parte.

Raymond Carver, Principiantes (Anagrama, 2010)

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