Una luz excesiva
para pensar la muerte.
Poca sombra bajo árboles
casi ya doblegados.
Nadie con quien hablar
salvo algún extranjero.
Y aun así, francamente,
poco tiempo, apenas.
No es la isla soñada
por poetas, pintores.
La saliva se gasta
aquí en mendicidades.
Desmenuzo unas sílabas
para el sol en mi boca.
Clausurados, los cráteres
son ya sólo jorobas.
Se desgarran los vientres
del viento entre los muros.
Vale más alejarse,
no volver sino en sueños.
Rafael-José Díaz
(Inédito, en La inteligencia y el hacha)

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