Yo le doy mi tiempo a las hojas,
hojas frías sobre el pavimento,

a ellas
no a los hombres
que están lejos y no aman.

Y no están muertas
porque estèn en el suelo.
Su destino es caer
y crujir bajo cada pisada.

Y yo vengo a mirarlas,
a ser como ellas,
a pisarlas también como en una caricia.

Clara Janés 

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